Después de retirar la carrocería, las ruedas y los principales componentes exteriores, la Motocompo quedaba completamente expuesta para poder valorar su estado real.
En esta fase ya no había posibilidad de esconder nada: con la estructura a la vista se apreciaba claramente que la moto había sufrido mucho más de lo que parecía inicialmente.







Un estado peor de lo esperado
El desmontaje permitió confirmar la presencia de muchísimo óxido y corrosión repartidos por distintas zonas del chasis, soportes, tornillería y elementos metálicos. También se apreciaban restos de suciedad acumulada, envejecimiento de componentes y cableado expuesto, señales claras de una vida larga y con poco mantenimiento profundo.
Según la información disponible, esta unidad fue utilizada únicamente dentro de la finca de su primer y único propietario en Mallorca. Ese uso limitado no evitó el deterioro: el ambiente, la humedad y el paso del tiempo habían dejado huella en prácticamente toda la estructura.
Esta revisión era imprescindible antes de avanzar. Con la moto ya desnuda, el siguiente paso será decidir qué piezas se pueden recuperar, cuáles deberán sustituirse y qué zonas necesitarán limpieza, tratamiento contra la corrosión y repintado.
La restauración empieza de verdad cuando aparece el estado real de la moto. Y en este caso, el diagnóstico es claro: hay trabajo por delante.
